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Filosofando. Compartiendo, ideas, ríos revueltos y pescadores con dinamita.

Entrada escrita por: Francisco Javier Teruelo de Luis
"...Así.¿Querías matarme? Bajo esta capa no hay carne, ni huesos que matar. Sólo hay una idea. Las ideas son a prueba de balas.Adiós."

Sí. Arranco fuerte citando a V y el maestro Alan Moore en su fuente original (el cómic en grapa; las recopilaciones a tamaños diversos, vale pero es repetir y la película... Dejémoslo correr; el concepto cambia demasiado para que lo considere lo mismo más allá del título).

(Y sí, sé cómo sigue y si alguien me lo quiere tirar en cara, le respondo con la última frase de V: "Dame un funeral vikingo, Evey". Recordáis su funeral, ¿verdad? En este momento no estoy sonriendo, estoy enseñando los dientes, no es lo mismo aunque demasiada gente lo confunda).

Y ahora que estáis pensando que me he equivocado de blog, no. Quiero explicar algo que hace tiempo que me ronda por la cabeza pero cuesta formular -seguro que muchos lo han hecho antes y mejor que yo, pero necesitaba explicarlo y me parece un buen foro para ello-.

Y no es técnica esta vez. ¿Qué compartimos aquí? Conocimientos e ideas, humor,... cada uno aquello que trae. En mi vena literaria de hoy, deberíamos poner en el acceso al blog "Entrad por vuestra propia voluntad, marchad cuando queráis y dejadnos algo de la felicidad que traéis con vosotros" (Minipunto para quién acierte el origen de la cita).

Insisto: Conocimientos e ideas, compartidos y difundidos libremente porque lo creemos adecuado, sin obligación. No es nuestro trabajo, no comemos de esto aunque tenga una parte importante que ver con ello.

Así pues, ¿por qué hemos de seguir oyendo las críticas al hecho de compartir libremente, o bien en la línea de "sois tontos por no aprovecharos de vuestros conocimientos" o, peor aún "si no cobráis por ello, es que no es bueno"? En mi estado sarcástico respondería con un "¡Jódete y baila, otro altruísta!" pero me hago viejo y quiero seguir siendo el amo de mis silencios y no el esclavo de mis palabras (quien lo diría, ¿no?).

Lo triste es que hay una razón detrás de todo ello. Una razón económica, retorcida y perversa, malinterpretada y vendida de forma confusa, que ha afectado a todos los campos de nuestra sociedad y también nos afecta a nosotros. ¿Os la imagináis? ¿Tengo vuestra atención cinco minutos más?

Retrocedamos a finales del siglo XVIII, a los primeros balbuceos de la Revolución Industrial, a la Ilustración y sus loables e idealistas objetivos con resultados dispares en su contacto con la sucia Realidad. ¿Recordáis esas clases de historia? ¿Qué fue lo primero que se hizó? Convocar premios para que los protoingenieros  de la época crearan la maquinaria que permitiera aumentar la producción. ¿Alguno de esos ingenieros pensó en las consecuencias sociales de sus aplicaciónes? Pocos, lo dudo; y aunque lo hubieran hecho estoy seguro de que muchos de ellos aspiraban a liberar a la gente de trabajos alienantes y aumentar la disponibilidad de bienes materiales, muy escasos por entonces para todo el mundo. La intención era buena; las consecuencias, opinables cuanto menos pero sí que han sido irreversibles.

Ahora bien, todo ese proceso que llega hasta nuestros días se basa en cosas materiales. Por ejemplificarlo, os puedo explicar como es la taza de café que tengo ante mí, pero si la tengo yo, no puede duplicarse a menos que se consiga la misma cantidad de porcelana, café, agua,.. Asumo que se entiende; la base material tiene un límite y si se está usando en una parte, no puede usarse en la otra a la vez; si además el uso implica degradación, el siguiente no dispondrá del mismo nivel de recurso y empezaremos a pelearnos por conseguirlo en el estado primigenio.

Pero si compartimos un método de organizar un trabajo, una configuración que parece mejorar el rendimiento de algo, una idea más o menos peregrina... ¿el hecho de explicarla hace que tú, como explicante, la pierdas? ¿Que pierda potencia? ¿Que pierda propiedades? No. En todo caso se generará un diálogo entre ideas opuestas o se combinarán con otras ideas dando lugar a ideas nuevas.

Los que tengan el cerebro más rápido ya habrán gritado "¡Newton!" y su frase atribuida sobre "haber trabajado desde hombros de gigantes". Y sí, esa es la idea. No perdemos nada por compartir el conocimiento, y si perdiéramos algo, sería mucho menos de lo que podemos conseguir y del... bien -olvidad la carga ideológica del término en este caso; lo cito como "conseguir mejoras para uno mismo y para los demás" según Carlo María Cipolla- general. Como mucho seríamos "tontos" en la misma clasificación -quienes consiguen algo para los demás sin beneficio propio-.

Y entonces ¿por qué compartir es pérfido, una ruina para la sociedad, matará la creatividad y hará morirse de hambre a los creadores? ¿Dónde está la razón que os he citado antes? En un rio revuelto donde esos pescadores con dinamita del título actuaron en su momento igual que los monasterios que salvaron el conocimiento antiguo pero después lo retuvieron como fuente de poder y lo hicieron propiedad. Esos mismo promotores que mezclaron las ideas de la Ilustración, permitieron la creación del conocimiento técnico que podría dar pie a su existencia y ataron ese conocimiento con patentes para protegerlo de la avaricia del capitalismo salvaje del siglo XIX a la vez que desprestigiaron y denigraron -después de piratearlas y saquearlas convenientemente- cualquier forma de conocimiento u organización que no fuera la suya. Recordad que es en ese siglo XIX se origina la prensa, la opinión pública y la propaganda sistemática, siempre un paso por delante de la alfabetización. Si el conocimiento nos hace libres, vamos a filtrar qué quieres conocer para que no intentes mirar hacia otro lado.

En ese limo donde lo han mezclado todo, han querido hacer creer -y aquí está la clave- que las ideas son como los bienes materiales, que se desgastan y pierden propiedades con el uso y, por tanto, es mejor que sean nuevas y brillantes porque algo ya usado no conserva sus capacidades plenas. Pero parece haber quedado claro que las reglas de juego son diferentes, totalmente diferentes. Han sometido el conocimiento -con sus propias normas de mercado- a las normas del mercado de objetos materiales de cualquier tipo.

¿Y cuáles son las reglas del mercado de los conocimientos? No las conozco, nadie que yo sepa las conoce puesto que si alguna vez estuvo en marcha fue hace mucho, mucho tiempo, pero quizá podríamos comprobar cómo funciona a pequeña escala con este blog -o muchos de los especificos sobre linux- donde la gente toma lo que le sirve y colabora con lo que puede; o la red AVpodcast, de reciente creación. Es un principio.

¿Un creador no ha de poder vivir de su obra? ¡Naturalmente! ¡Ojalá pudieran todos! Y ojalá gente que no tiene tiempo de crear porque ha de comer -primum vivere, deinde filosofare- pudiera hacerlo. ¿Son los creadores los más obsesionados con la no compartición? Pocos, muy pocos... más bien los intermediarios. ¿Y qué crean los intermediarios? Buena pregunta. También son necesarios, generan redes que hacen que lleguen las cosas, los conocimientos más lejos.

¿Y entonces? ¿El problema? Bueno, supongamos que el cuerpo humano tiene un trillon de celulas -me lo estoy inventando, si hay un biólogo en la sala, que me lo corrija- cada grupo de ellas con su función y necesidades determinadas. Si el grupo encargado de la distribución empieza a crecer exponencialmente y a quedarse más parte de lo que le tocaría. ¿Qué le pasa al resto?

Por otro lado, si el sistema de ideas propietarias es tan maravilloso ¿por qué  desde la época Tatcher-Reagan se tiende cada vez más al pensamiento único, uniformado y autocensurado? Este es el mejor de los mundos posibles y no puede haber otro. ¿Donde está la diversidad, la riqueza de ideas que genera ese sistema de propiedad y pensamiento único? ¿Sólo en una parte? Si existía y ha sido restringido ¿con qué intereses?

Y dejo ya esta larga entrada donde los ordenadores no son más que el soporte que me permite prescindir de un buen montón de intermediarios -aunque sigue habiendo muchos, cierto- y donde sigo defendiendo que no creo haber perdido nada por aquello que he podido compartir, que pienso seguir haciéndolo desde mis limitadas capacidades y conocimientos y que dejaré de hacerlo unos diez minutos después de que deje de llegarme oxígeno al cerebro, supongo.

Es decir, señores, seguimos siendo la Resistencia y por el carácter que estamos mostrando diría que aunque consigamos ganar algo, o controlar algo más allá de lo que está al alcance de nuestras manos -y nuestros ordenadores-, seguiremos siendo Resistencia, aunque sea contra nosotros mismos.

Y cierro con V, que parece totalmente adecuado en este momento y lugar.

"- Me has pedido conocimiento, Eve; y eso es lo que voy a transmitirte. Es tan vital como el aire, no se le debería negar a nadie.

- (...) ¡Si el conocimiento es como el aire, me has estado asfixiando!

- Al contrario, te he enseñado a respirar."

Respiremos, pues. Hasta la siguiente.

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